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Alterar
los estados ordinarios de conciencia es un derecho humano básico. Rechazamos
la noción de que quienes usan drogas legales o ilegales son, por esta
razón, enfermos, delincuentes o incapaces de generar estrategias
propias de superación.
Respetamos
el derecho de los usuarios:
- a usar drogas
- a no ser
discriminados y estigmatizados
- a vivir
una vida digna y plena como ciudadanos
- a cuidar
de su salud y a desarrollar al máximo sus potencialidades
- a tomar
decisiones informadas en lo que respecta a su uso de drogas
- a recibir
información acerca de como reducir al máximo los riesgos
y daños individuales y sociales que su consumo pueda generar
- a recibir
asistencia especializada: médica, psicológica y social.
Creemos
además que los usuarios de drogas:
- tienen la
capacidad y la responsabilidad de hacerse cargo de sus vidas y sus conductas
- tienen como
colectivo el derecho y la responsabilidad de proteger su salud y la
de sus pares mediante el desarrollo de estrategias grupales que les
permitan reducir los riesgos mientras continúan consumiendo drogas.
Por último,
creemos que el estado social y sanitario del tema tras un siglo de prohibición
del consumo de drogas ilegales respalda la hipótesis de que las políticas
prohibicionistas vigentes causan más daños individuales y sociales que
el propio consumo de drogas.
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